domingo, 14 de junio de 2015

Independentismo



Aunque ya abordé parcialmente el tema en mi artículo sobre los idiomas, que encontrará el interesado linkado, viendo lo ocurrido en las últimas semanas y que hace tiempo que quería difundir mi opinión sobre el tema, vamos a hablar de la independencia de Cataluña (por la mera vanidad de difundir mi opinión, pero vamos, que si no tuviera vanidad por difundir lo que pienso no me hubiera hecho un blog).


Es un tema complicado como pocos, con muchas interpretaciones posibles de entre las cuales muchas han sido usadas por motivos políticos hasta llenarlas de mierda y provocar un clima de descontento y mala hostia en cuanto a la cuestión que no ayuda a nadie.

Preliminares
Lo primero que quiero decir, y quizás lo más importante, es que creo firmemente en el derecho de cualquier pueblo a su autodeterminación e independencia, cultural y política, pues forma parte por un lado de la libertad individual el sentirse o no parte de una región, y segundo porque las naciones son artificios de origen más o menos histórico que son tan susceptibles al cambio como sus habitantes.
De esto se extrae el segundo punto, que sólo el pueblo catalán tiene voz y voto en cuanto a lo que es su devenir, porque es su devenir y no el del resto el que están decidiendo. Y esa decisión, en mi opinión, debe respetarse.
Por eso, me pronuncio muy poco (y a veces de formas voluntariamente equívocas, por fastidiar) sobre esta cuestión. Pero harto del equívoco he decidido abrir la boca y soltar todo lo que pienso del tema.
A partir de aquí queda claro que todo lo que diga es una opinión personal que nadie me ha pedido pero que tengo. Si alguien quiere dejar de leer aquí, pues ya sabe dónde está el aspa de cerrar la ventanita.

Un poco de historia personal
Hace más de un año decidí coger las maletas y buscarme la vida fuera. Ahora mismo, para mí, España es el pasado, Alsacia es el presente y el futuro es una neblina. Puede que España vuelva a estar en mi camino en el futuro, puede que no, pero por ahora mi estatus ha cambiado de español a extranjero.
Extranjero aquí en Alsacia, extranjero en mi tierra cuando vuelvo.
Por eso, quizás, mi punto de vista ahora mismo sea distinto al que era antes, porque mi perspectiva es distinta. Abordo el problema desde el observador no implicado, pues ahora mismo el que Cataluña sea o no sea independiente de una España a la que ya no sé si pertenezco yo mismo, pues no me roba el sueño.

Historia, economía y piruletas
En cuanto a las razones históricas y emocionales que les llevan a pedir la independencia, creo que ya me he pronunciado. El devenir de Cataluña ha sido tanto o más agitado que el resto de la Península, y como el resto de la Península, ha sufrido una serie de embates ideológicos y culturales particularmente convulsos este último siglo. Por lo tanto, un catalán que no se sienta español no es que sea una rareza, como tampoco lo es uno que se sienta español. Dependerá y mucho de sus experiencias vitales, sus historias propias y familiares y (desgraciadamente) del mensaje político que ha recibido. Esto último lo detallaré más abajo. La cuestión es que respeto y mucho ese sentimiento regional de pertenecer a un pueblo con costumbres, lengua y literatura propias.
Se han aducido motivos económicos para la independencia de Cataluña, que si es mejor para Cataluña y peor para España, que si quieren salir de Europa, que si no quieren, que si les beneficia, que si no. Tengo la sensación de que si Cataluña se independiza, ha de pasar por un acuerdo con el gobierno central para que no veten su entrada en Europa, porque lo que no creo que es beneficioso en el clima de crisis que hay ahora es ponerse a tontear con una nueva moneda que introducir en el mercado internacional ni jugar a la depreciación como en Turquía. Pero a lo mejor me equivoco, oigan, que yo de economía no tengo ni repajolera idea. Es una sensación de neófito.
Lo que es yo, si yo fuera catalán no estaría a favor de la independencia de Cataluña. Pero no por motivos históricos ni por politiqueo (que no vean ustedes lo que se han aprovechado la izquierda y la derecha de su(s) país(es) para jugar a Independista Bueno Independentista Malo, pero ya adelanto otra vez cosas). Estaría en contra como lo estoy de una independencia andaluza o de que España se salga de la Unión Europea. 

Sueños húmedos con Europa
Porque mi esperanza (utópica) es que esta Europa de Mierda que tenemos actualmente se dé cuenta de una puñetera vez que seguir jugando a los intereses ombliguistas de los “estados miembros” (así llamados porque están todo el día viendo quién tiene el miembro más grande, y va ganando la Merkel) y dirigirse al fin a una Europa Federal donde cada antiguo país aporte su cultura y su lengua y sus cosas buenas en vez de intentar rapiñar del fondo europeo como buitres.
Vamos, una utopía.
En ese escenario mágico ilusorio, que un estado federal se llame España y exista (o no) otro llamado Catalunya no tiene la mayor importancia, somos todos europeos y compartimos objetivos, intereses y también problemas. Nos dividimos por regiones con fines administrativos y de identidad cultural, pues cojonudo, seguro que Alsacia se vuelve un estado federal independiente.
Pero aunque las utopías son etimológicamente descorazonadoras, mi espíritu es el espíritu de un europeo, por lo tanto una Cataluña independiente o no, no parece tan importante. Yo pienso en la dirección contraria, en que los españoles pierdan un poco su ombliguismo en favor de Europa (y los franceses, y los alemanes...)

Políticos, esos pequeños hijos de p...
Por otro lado está la sucia y desagradable utilización política de este sentimiento, en todo respetable, como arma arrojadiza entre partidos e instituciones que nos ha traído más problemas de los que teníamos antes.
Gracias.
Que la derecha sea anti-independentista y la izquierda pro-independentista (en España, recordemos que en Cataluña hay independentistas de ambos lados) es tan artificial y vacío como todo el trasfondo ideo(i)lógico de (n/v)uestro país.
Me la suda y mucho ya a estas alturas de mi vida si un señor con traje en un podio dice una cosa y su opuesto otra, porque lo que dice cada uno es mentira. Son los dos lo mismo, puñeteros ladrones y sanguijuelas que han succionado el dinero del pueblo a manos llenas. Los dos. Sin distinción. Que se han demostrado igual de inútiles e incapaces para detener la crisis económica y para reflotar al país, que en ninguno de los dos casos fomenta los pilares de la educación y la sanidad que deberían ser la base del bienestar social, ni del desarrollo tecnológico y científico, que en un mundo donde la fuente agrícola y turística ya no son ni volverán a ser el centro de nuestra economía, son la única esperanza para que tengamos un lugar en el mundo.
Porque la idea maravillosa de reflotar la economía al rico ladrillo nos sigue saliendo cara. Y es la única idea para reforzar la economía en cuatro legislaturas, doce años, que se dice pronto.
Pero qué ocurre, que como no tienen programa ni capacidades ni siquiera carisma, siguen discutiendo los mismos temas sociales que hace veinte años que deberían estar resueltos, reforzando de manera artificial los sentimientos anti-derecha y anti-izquierda para que el votante medio no se le ocurra votar a la otra opción.
El resultado, claro, ha sido el nuevo alineamiento político en cuatro ejes cual partida de rol. En España no tenemos Bueno-Malo Legal-Caótico sino Derecha-Izquierda Casta-Alternativa. Si hacen un eje de coordenadas con esos dos opuestos, obtendrán los cuatro partidos que se están disputando ahora el poder.
Uy, ya me distraigo.

“Dame un nombre, Bastian” “Marciana Hirsuta de Todos Los Dolores” “Hijolagranputa...”
Es tan sucio el juego de los políticos que una cuestión tan tontorrona y tan poco discutible como es el NOMBRE de una región ha sido y es un tema de debate. Muchos habrán afilado los comentarios porque en el texto sólo he usado una vez la palabra Catalunya (o porque la he usado una vez). Ha sido a propósito para llegar a este punto.
Yo me presento a la gente como Juanjo. Y no lo saben pronunciar, y muchos se quedan con “Juan” a secas porque les cuesta la vida.
No me presento como Jean Joseph porque yo no me llamo Jean Joseph, me llamo Juanjo.
Cuando le pregunto a alguien cómo llegar a Basilea, pregunto por Bâle, y para volver a Estrasburgo, pregunto por Strasbourg.
Porque hablan francés.
Pero si hablo de mi experiencia aquí con mis colegas en España, les hablo de Estrasburgo y de Basilea.
Ahora, si hablo de uno de mis compañeros franceses, hablo de Guillaume, no de Guillermo.
Lógico, ¿no?
Pues ¿por qué complicarlo? Si pregunto a alguien en español por Gerona o por Girona, ¿acaso hay algún problema? Son la misma ciudad pero en dos idiomas distintos. Si estoy escribiendo este artículo en español, escribiré Cataluña, excepto cuando por alguna razón lógica lo escriba en catalán.
Por supuesto, si hablo con un catalán, escogeré de preferencia la palabra catalana, igual que cuando hablo con un francés en español (no se ha dado mucho el caso) intento usar las palabras de regiones en francés.
Y en ningún caso usar un nombre de región en catalán o en español estará reflejando mi ideología. O en francés, ya puestos.
Evidente y lógico, si alguien se llama Jordi, se llama Jordi y no Jorge. Nuestro nombre es nuestra identidad, e intentar traducir el nombre de otra persona a nuestro idioma, aunque pueda facilitarnos las cosas, es una falta de respeto por su identidad.
En definitiva, puedo aplicar las mismas reglas de cortesía, respeto y búsqueda de entendimiento que uso aquí en Francia y en francés con respecto al catalán y en Cataluña.
¿No?
Pues no, porque en el clima en el que estamos parece que el escoger una palabra u otra, siendo las dos igualmente aceptables y lógicas, parece posicionarte no ya sólo en cuanto al tema de la independencia (cosa ya estúpida de por sí) sino incluso en derecha o izquierda.
W T F
Entonces, ¿también define mi orientación política el cómo pido la carne o si prefiero Burger King o McDonand’s?
Y un cojón. Unos y otros, por igual y con igual culpa, han usado estos temas para enfrentar a la opinión pública de forma artificial para defender su ausencia de ideas, de programa y de vergüenza.

Fúrgol
Un último tema antes de las conclusiones, que ya va tocando cerrar este artículo. El fútbol.
Respeto que a la gente le guste el fútbol, claro. Pero no respeto el circo, la imbecilidad, la hipocresía y el dinero malgastado en él. No, eso no es respetable ni defendible.
Saco a colación un hecho que, excepto mis queridos petro-arizonianos (si no sabes quiénes son los petro-arizonianos, deberías seguir más a menudo mi blog), todos habréis oído hablar. La pitada del himno.
Vamos a hacer un ejercicio de imaginación. Supongamos que Cataluña se ha instituido país pero, por razones históricas y económicas y otras sus equipos siguen formando parte de la liga y las copas españolas (que podría ser una Liga Peninsular y aceptar a Andorra y Portugal, eso no sería ilógico).
Si en ese escenario se hubiera producido una pitada del himno, en ese caso, habría sido un acto de falta de respeto por el país vecino de lo más desagradable y alejada del fair play y del espíritu del deporte. Habría sido como pitar el himno francés o el alemán.
¿Qué habría hecho o dicho el gobierno alemán si la afición española o catalana, cualquiera de las dos, hubiera pitado su himno durante un Mundial de fútbol? Imaginaos la que se hubiera liado en términos de política internacional.
Lo que quiero decir con esto es que, si bien todos tenemos libertad de expresión, también tenemos deber de respeto por los otros. No censuro el hecho como forma de expresión libre, censuro el hecho porque con él se le está faltando al respeto a la identidad nacional de un pueblo entero (esté o no esté en contra de la independencia de Cataluña).
Tan malo es como si los españoles pitaran el himno catalán. La quema de banderas españolas o catalanas, por unos u otros.
¿Tiene que ver con la libertad de expresión? Sí y no. Digamos que entra de lleno en el terreno de la falta de respeto, como insultar a alguien por su raza o su religión. Es libertad de expresión pero no puedo jamás apoyar una expresión tal de falta de respeto.
Importándome un culo el fútbol y si el Barcelona juega o no la copa del dirigente-no-escogido-democráticamente.
Ya colgué mucho sobre la falta de respeto y la libertad de expresión a propósito de la tragedia de Charlie Hebdo en este artículo, así que no me explayo más.


Benditas conclusiones de un artículo largo cual día sin pan
La conclusión es sencilla.
Deberíamos relajarnos de una jodida vez con este tema. Si los catalanes no se sienten españoles y creen que estarían mejor económicamente si fueran independientes, es su derecho escoger pertenecer o no a España.
Posiblemente, en mi opinión, en realidad no les interese tanto ni económica ni socialmente, pero ese punto se lo dejo a quien sepa del tema, que como ya digo, la economía y yo no somos amigos.
Y de todos modos, sea como sea, lo que es necesario y fundamental es el respeto a las distintas identidades y realidades, por unos y por otros, y no dejarse comer la cabeza por políticos que, creedme, no quieren nada bueno para vosotros. En serio. Nunca. Si no, no harían política, escribirían blogs que nadie lee con artículos demasiado largos y sin imágenes.
Pensad por vosotros mismos y abandonad el odio, que no va a conducir a nada bueno.
Un saludo a todos, y que os dejen dormir.

viernes, 12 de junio de 2015

Maggie



No sé si os habéis dado cuenta, pero salvo a mis amistosos petro-arizonianos (juego interactivo, busque en el blog la referencia, cinco minipuntos para el que la encuentre) creo que a nadie se le escapa que el género zombie está como de moda.
Un poco.
Mucho.
Hasta en la sopa.
Os voy a hacer una confesión que, como autor y lector del género de horror que soy, es un poco vergonzante.
No me apasionan los zombies.
Por eso aún no he atacado los libros de Alfonso Zamora, Javier Cosnava, Carlos Sisí o Alejandro Castroguer.
No os lo toméis a mal, chicos, sé que os leeré, tengo un montón de ganas, pero es que no es mi género.
Y os leeré porque sé que no lo tratáis como la mayoría.

Además he de añadir que, redoble de tambores de la vergüenza, he participado en la antología de Tusitala “Carne Nueva” y en el segundo librojuego de la saga Infectados, Revelación (muy pronto en las librerías).

En el primer caso, bueno, era fácil. Uno de los requisitos era no haber escrito nada de zombies antes y, como es que no me apasionan, nunca me había lanzado a por ese género.
Es más, los que hayan podido leer mi relato en Carne Nueva, La fractura, verán que escojo tanto un punto de vista como un tipo de zombie poco común en la literatura del género actual. Y si no, no os preocupéis, este blog tiene una app que localiza vuestras cuentas bancarias y os ha comprado la antología automáticamente. De hecho, ya está llegando a vuestra casa.
Creedme, lo vais a agradecer.

En cuanto al librojuego, pues tendréis que jugarlo pero vamos, una vez dicho todo esto podréis entender que mis partes son reconocibles por su, digamos, heterodoxia.
Eso me parece.
Ya el señor Fernando Lafuente me corregirá si me equivoco.

Mi reticencia al género zombie se puede extrapolar de todo lo que ya he dicho. Pero por resumir, me parece un género que en muchos casos desaprovecha sus capacidades para centrarse en la masacre sin sentido o la angustia del superviviente; que si bien molan, ya estaban presentes en la veterana Noche de Romero y se ha repetido demasiado su esquema.
Por eso hoy vengo a hablaros de Maggie.

Maggie, la primera idea

Soy un cinéfilo, es más, soy un cinéfago, y además soy asmático leve ocasional. Eso último no tiene nada que ver con el tema, pero ya puestos a confesarse, mejor decirlo todo.
Sigo tres o cuatro páginas de cine entre cine digamos friki y cine independiente. El cine comercial se publicita solo, a ése no hay que seguirle la pista.

En mi friki-radar, hace ya unos años, apareció algo muy interesante. Un proyecto de cine de zombies en el que nos centrábamos no en el superviviente, sino en la persona que es mordida y cómo vivencia su transformación.  Inmediatamente me llamó la atención porque al fin el cine tomaba el potencial del zombie con otros ojos distintos, con otra perspectiva.

La literatura lo ha hecho. Hay una novelilla de zombies de lo más surrealista que se llama “La Sonrisa de los Muertos”. La tengo reseñada en el Cementerio de los Blogs Que Ya No Actualizo, si hay interés la recupero. Y sé de buena tinta que los señores citados más arriba no han sido citados por casualidad.
Pero el cine había dado pocas muestras de originalidad (fuera de meterles anfetaminas en la que considero una de las películas más interesantes del género, a pesar de sus detractores).

El desastre

Ahí estaba el guion de Maggie, buscando financiación y nunca muy lejos de mi radar, cuando ocurrió con algo que la lanzó bien lejos de mis intereses, a la papelera donde descansan las Transphormers y las The Fast & the Furious.

El” Suarse” se interesó por ella.

Yo me llevé las manos a la cabeza, grité como un loco, di vueltas sobre mí mismo... bueno, vale, más bien exclamé un psché por lo bajini y me olvidé de la peli.

Hay que entenderlo, he visto muchas pelis del Suarse. Algunas están entre mis favoritas y otras entre mis placeres culpables (bendita Eraser y tu escena del Suarse disparando con dos rifles magnéticos con miras telescópicas a rayos X, tú me hiciste un jombre).

Sabía qué iba a pasar. Un proyecto intimista, cercano, doloroso, triste e incómodo, original como pocos, se convertiría en un festival del Old-Terminator lanzando yoyas de todos los colores contra hordas de zombies y humanos en plan padre coraje con esteroides.
Vamos, algo que me daba una pereza impresionante.

Afortunadamente me equivocaba.

La película

No voy a centrarme mucho en el argumento, que además ya he comentado antes, por riesgo a cometer spoilers.

Con la premisa que hemos hablado, nos encontramos con una rara avis del género zombie, que tiene el riesgo de ser una incomprendida. Quizás no una obra maestra, pero sí una joyita que merece mucho la pena y que tiene dos enemigos fundamentales (como todos los proyectos de esta ralea)

Los amantes de los zombies y sus detractores.

Los primeros aducirán que la película es lenta y le falta acción. Posiblemente no conozcan la historia de su rodaje, ni sus intenciones de película independiente, sino que hayan mezclado en su cabeza zombies + Suarse y esperan otro tipo de filme.

Los segundos no se acercarán a ella, por ser de zombies.

Y es una lástima esa desinformación de los primeros que les va a llevar a las salas con falsas expectativas y de los segundos que no les van a llevar a las salas. Maggie merece la pena.
Centrando la mayor parte de su metraje en el drama humano, en la relación entre un padre y una hija, y dejando tiempo y espacio para que los sentimientos puedan respirar. La elección de una granja aislada como escenario es genial, permite unos planos de una belleza decadente que extrapolan las emociones de los personajes y enmarcan sus vidas y sus avatares con esa quietud moribunda. Todo en el escenario parece hablar de una época anterior, más fácil y hermosa, que está muerta y se resisten a enterrar.

Como un zombie.

Eso no quita que no aproveche el género para mostrar escenas explícitas, desagradables e impactantes. Son pocas, están muy bien dosificadas, y como es lógico su dosificación y la implicación que producen los personajes las hacen emocionalmente más intensas que todo el gore por gore que solemos ver en el género.

Que lo mates, coño

Luego hablaré de cómo la cinta ejerce de metáfora de muchas situaciones de la vida, la enfermedad y la muerte, y cómo eso le da valor y trascendencia, pero antes quiero hacer un apunte sobre un hecho particular que creo que refleja los logros de la película.
Volvamos a Romero (o a Snyder, tu versión favorita). Estamos encerrados en el supermercado y los zombies se han quedado detrás de la reja. Uno de los supervivientes tiene un mordisco.
“Mátalo, mátalo ya, que lo mates coño, que se va a convertir en quince segundos, mátalo ahora que es fácil de matar, no seas imbécil.”

Quien no haya pensado esto mismo en esa situación que salga de la sala por mentiroso. Es un recurso demasiado típico, ese pobre desgraciado está a punto de convertirse él también en una amenaza y los supervivientes, estúpidos, dudan si matarlo o no.

Porque a todos nos interesa un culo la vida de ese desgraciado, nos interesa poco qué era antes del Apocalipsis y por supuesto no nos interesa lo que tenga que aportar hasta que se transforme.
No empatizamos con las reticencias del grupo en cuanto a sacrificarlo por el bien común.
Sólo dos obras que yo haya visto han sorteado con inteligencia este punto, en mi opinión. La primera, Abierto hasta el amanecer (sí, son vampiros, pero para el caso es lo mismo), donde


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Sexmachine es mordido y oculta a sus compañeros el mordisco para evitar ser sacrificado, dando lugar a uno de los momentos más icónicos e hilarantes del fin.


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Y la campaña de Warcraft 3, donde


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Arthas se ve obligado a matar a los aldeanos antes de que se conviertan, y en este caso somos nosotros los que tenemos que tomar la decisión y no los personajes de una película, dando lugar a un cierto grado de culpa.


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Si otros videojuegos o filmes o libros han abordado también de una manera inteligente este recurso, no duden en informarme en los comentarios.

Si digo todo esto es para remarcar que, por una vez, el destino de esa persona mordida nos importa y empatizamos a tal nivel con ella y con su padre que entendemos la duda, entendemos lo protector que es y entendemos cada acto que realiza.

El Suarse

Ya puestos vamos a hablar de cómo lo hace el Suarse, muy brevemente.
Lo hace francamente bien. Sabe transmitir dulzura y un punto muy tierno, también sabe parecer una roca por fuera y sabe quebrarse. Y por supuesto sabe ser protector e incluso peligroso dado el caso. Una actuación, en definitiva, muy por encima de lo que esperaba de él.

La metáfora

Hace muy poco, hablando de Candyman y de Freddy Kruegger, comentaba la potencialidad del género de terror para hablar de temas incómodos y de metáforas. Ahora sí que vienen spoilers gordos, así que si te interesa la peli, espera a que salga en tu país, dale una oportunidad y luego vuelves.
No sé qué tal le habrá sentado al ex gobernador republicano haber participado en una película que reaviva el debate de la eutanasia, de las enfermedades infectocontagiosas y de las enfermedades terminales desde una óptica más izquierdista de lo que estamos acostumbrados en Hollywood. Y lo puede hacer porque es ‘una peli de zombies”.

En algún momento he hablado que el bufón tiene un carácter necesario porque ejerce de sistema de control para el gobierno. Del mismo modo, el cine de terror tiene la bula de la industria para tratar temas incomodísimos porque lo hace usando metáforas que, muchas veces, los mismos productores no entienden.

Así como Starship Troopers es una oda anti-militarista y pro-pacifista disfrazada de ensalada de tiros (otra cosa es que lo haga bien, pero el mensaje está ahí), Maggie es una oda a la elección del propio final, abre el debate sobre la libertad personal sobre la seguridad de la población, indaga en el miedo a la enfermedad y la muerte, se planta delante de ti mostrando el inevitable final de la vida y le da tiempo para darnos escenas de zombies.

El proceso de zombificación es usado aquí como una suerte de SIDA o de ébola con un toque de Alzheimer. Es una enfermedad mortal y peligrosa, sin cura, que se contagia con cierta facilidad y sus afectados dejarán de ser ellos mismos al final del proceso.

La gente alaba la Amor de Haneke por poner sobre la mesa los aspectos más sucios del Alzheimer.
No pongo Maggie a la altura de Amor. Primero porque sería una gilipollez y segundo porque no he visto Amor.

Maggie es, digamos, la versión adaptada a un público más general de los conceptos de Amor, pero también de conceptos de Philadephia y de Mi vida sin mí.

Con zombies.

La exclusión social del enfermo, la tolerancia o no de la familia, dónde termina y comienza el individuo.

También habla de la adolescencia, de la flor que se trunca cuando se está abriendo, de los enfermos jóvenes. De las ganas de vivir a pesar de todo y de las ganas de morirse por culpa de todo. De la necesidad del amor de los otros y el desesperado deseo de conservación que los alejan de nosotros ante la enfermedad.

Por qué zombies

El que sean zombies es una excusa que permite la licencia de hablarle de todo esto a un público que no busca ir a deprimirse con una peli de Haneke, y dar mensajes pro-eutanasia que en ningún otro filme americano vais a ver.

Porque son zombies.

Se les puede matar.

Si son enfermos de Alzheimer que han perdido su identidad no. Pero si son zombies sí.
Aquí viene el Gran Spoiler.

Al final de la cinta...



Que es el final, que es el Gran Spoiler, léelo sólo si estás seguro.



Al final de la cinta, viendo que llega al final su transformación, Maggie opta por el suicidio. En ese instante, de gran belleza por otra parte gracias a la fotografía, entendemos que es su última decisión como ser humano antes de perder por completo su identidad, lo que es ella, y comenzar a olvidar todo aquello que le hizo ser quien era. Prefiere morir, y no dejarle a su padre esa responsabilidad, tomando una decisión sobre su propia vida.

(Vale, en Mar Adentro también pasaba, pero Mar Adentro es cine español, no americano. No está supeditado a una moral protestante restrictiva contra el suicidio y la eutanasia. Además, Mar Adentro es biográfica, si al final de la película Bardem recupera la movilidad de las piernas y se va a dar un paseo con Belén Rueda, pues hubiera sido insultante para la memoria de la persona a biografiar.
En cambio, ningún estudio norteamericano apoyaría una película donde una adolescente con cáncer decide suicidarse.)

Ese punto de metáfora permisiva con los tabús que pertenece al fantástico es el que da al género su trascendencia. Stoker podía hablar dela liberación de la mujer y de su igualdad de derechos porque estaba escribiendo una novela gótica; Shelley podía cuestionarse el papel del ser humano en el plan divino e incluso atacar a Dios por habernos hechos imperfectos porque estaba creando el género de la Ciencia Ficción; Matheson pudo darnos su visión personalísima del occidentalo-centrismo americano y criticarlo de la manera más sangrante posible porque estaba escribiendo sobre vampiros.
Y Huxley, Wells y Bradboury, bueno, no tengo que decir más.

Conclusión

Que no te confunda el Suarse, que no te confundan los zombies. Esta no es una película de zombies, es una película del amor padre-hija en las peores circunstancias posibles, de la nostalgia que produce un pasado idílico y de cómo rompe una familia una enfermedad grave.
Solo que salen zombies, y eso la hace más genial aún.

Muchos saludos. Y que os dejen dormir.